15 Sep
El fantasma de Stephen King, de Hernán Migoya: un simpático racista

En un lugar de la avenida Arequipa de cuyo nombre puedo acordarme por tenerlo marcado a fuego (Centro Cultural de España), se realizó un evento único en los últimos años para el cómic nacional durante septiembre de 2023: las Jornadas de la Historieta Perú-España. Y un día que no puedo recordar de 2014 empecé a leer a uno de mis senseis literarios: Stephen King. Ambos hechos, ambas pasiones, se conjugaron ese mismo 2023, cuando fue publicada la presente novela de Migoya, el mismo causante del evento mencionado del que fui y soy muy fan, por si no se notó. 

El fantasma de Stephen King fue mi ingreso a la producción de este autor español, adoptado por Perú y autoadoptado tras varios años de residir aquí. Conocía a grandes rasgos su producción, pero, personalmente, resaltó más cuando reeditó Selva misteriosa, de Javier Flores del Águila, un clásico peruano de las viñetas que fue motivo de un homenaje en las Jornadas. Por todo ello, la reaparición de esta novela fantástica en el país me llamó mucho la atención ya desde el título. 

Y es que no es una novedad editorial como tal. En 2017 fue publicado por primera vez bajo el título de Los que murieron te saludan por la editorial Dilatando Mentes, especializada en terror. Ya en 2023, volvió con otra editorial especializada en el género, Pandemonium, y con un título distinto y alusivo a King y a la profesión del protagonista (si se hubiese llamado El negro de Stephen King hubiese sido problemático para algunos). No estoy seguro de si existen muchas diferencias entre ambas ediciones, dejo abierta esa posibilidad a falta de haberlos cotejado con detenimiento. Pero, ahora sí, vamos con la sinopsis. 

Hernan Migoya. Créditos: David Campos

Trama

Jonas es un negro literario, es decir, aquel que escribe los libros por otras personas sin firmar con su nombre. Es así que recibe un nuevo encargo de Stephen King, que en este mundo ha publicado títulos ficticios creados realmente por el protagonista, quien ahora debe viajar hasta el pueblo de Sóndor, en Piura. ¿El motivo? Investigar una casa con fama de estar maldita, la Casa Roja, para la próxima novela de terror. Por supuesto, esa exploración se cubrirá de problemas y asedios paranormales. 

Jesús Palacios escribió la introducción para la presente edición y allí indica las diferencias entre el autor de Carrie y Migoya, y los hay, pero las semejanzas son su primer enganche. Retrocedamos. El prólogo narra un evento del pasado en los años 70 acerca del investigador paranormal Phil, quien decide pasar una noche entera en la misma casa con un desenlace atroz y sangriento. Destaco esta parte porque la historia es sangrienta y directa cuando lo necesita, relata al lector con cierto detalle las heridas físicas, las muertes o las escenas grotescas sin ir al extremo del splatterpunk o gore extremo; por supuesto, no es un gótico con escaso líquido rojo, como en buena parte del siglo XIX. King mantiene el mismo balance, como en La mitad oscura (una de sus novelas más violentas), y ese regusto aquí resulta en un homenaje a la vez que parodia, rasgo con el que el «lector constante» kingniano puede congeniar. 

Otro rasgo destacable, si acaso el más entretenido, es la construcción del pueblo. Como fan del folk horror o historias similares de terror acontecidas lejos de las ciudades, la novela consigue construir una atmósfera opresiva en la que no da tanto miedo el evento paranormal de turno como los propios habitantes del lugar y los espacios al aire libre. La tensión se evidencia en esas miradas extrañas y la sensación constante de vigilancia hacia el protagonista. Es la figura del extranjero mal visto en un lugar que pretende conservar sus costumbres, su autoctonía, aunque para algunos personajes y el propio lector sean hechos casi monstruosos, como el ajusticiamiento popular o la comida hecha con roedores gordos y grotescos (una escena memorable trata esto último). 

Si vamos a la estructura narrativa general, la historia es lineal. No se complica con saltos al pasado o futuro excesivos e innecesarios, lo que es de agradecer frente al estilo de la prosa, que mencionaré más abajo. En ese sentido, se asemeja a las películas de terror de pueblos lejanos donde sabemos que tarde o temprano el protagonista foráneo se enfrentará al horror del lugar, como en The wicked man. El desarrollo es predecible en ese aspecto, pero los eventos poseen la suficiente fuerza para asombrar. ¿Por qué la casa está maldita? ¿Por qué a los pobladores les incomodan los extraños? ¿Qué relación existe entre el hogar donde se hospeda el protagonista y el único orfanato de la zona? Las tragedias se suceden de mal en peor y avanzan hasta un clímax intenso, aunque el final resulta cortante, acaso insatisfactorio frente al tramo final. 

Sóndor, localidad y distrito de la provincia de Huancabamba, en Piura. Créditos: Klisman Traveler.

Personajes

Este apartado es uno de los más interesantes por los puntos altos y flacos del libro, sobre todo frente a una historia entretenida. Las personas en la historia bordean los arquetipos en tanto se resaltan algunos aspectos de su personalidad sin explorar a fondo sus motivaciones, sus grises y virtudes más defectos. De hecho, se tiende más hacia sus defectos, justamente. Son presentados de tal manera a propósito por ese tono irónico que cubre el total de la novela, al menos en varias partes, de modo que son representaciones de rasgos humanos desagradables. Y, aún así, es posible sentir pena por el protagonista

  • Jonas: el negro literario de King. Desde su profesión ya se instala la ironía, pues es racista con todo lo que considera como tercer mundo. Su mirada es la que dirige toda la narración y es gracias a ella que los sondorianos son observados como seres irracionales, movidos por pulsiones y una cultura atrasada en el tiempo, así como la propia zona. Esa visión, que bien podría ser la oficial en una novela decimonónica, aquí es ridiculizada en algunas ocasiones sin caer en el ataque directo. Su falta de adaptabilidad lo reducen a un sujeto poco capaz, dependiente del poblador que desprecia para (sobre)vivir allí. Esa condición frágil y vulnerable lo humanizan más allá de ser solo un personaje que fuera motivo de burla. Se confirma tal rasgo cuando conocemos su relación disfuncional con Cybil, de quien se alejó en Estados Unidos y por quien decidió aceptar el viaje hasta Perú. Así, es ridículo, es huraño, es tonto, pero es nuestro tonto e incluso puede sobreponerse a ese rechazo interno, pedir ayuda a los vecinos, con tal de alcanzar algunos objetivos, como mantener su propia integridad; incluso puede sentir pena por otros.
  • Magaly: la anfitriona de la casa maldita. Es la principal encargada de acoger y guiar a Jonas durante su estancia en el hogar y es con quien él interactúa más. Según el protagonista, es una mujer de contextura recia y un poco grande, con una belleza curiosa que la resalta por sobre otras de sus paisanas, una concesión que refleja el exotismo del protagonista.
  • Alison: la compañera indeseada de viaje de Jonas. La conoce en el avión y, luego, en el bus interprovincial hasta Sóndor. Es una fanática de King y le conversa por mucho rato de su pasión, hecho incómodo para un Jonas que solo desea no hablar. Esa antipatía inicial decrece un poco no hasta llegar a una amistad, pero sí a una complicidad inevitable al ser dos estadounidenses en un mismo asiento aéreo y los únicos en el transporte peruano.
  • Lady: es una cuidadora de los niños en el único orfanato del pueblo. Su aparición es tardía en la novela, por lo que no comentaré mucho sobre ella, salvo que su papel le brinda al libro momentos de tensión, terror y seriedad más notorios en la segunda mitad de la historia en comparación a la primera.

 Un problema en este apartado resulta ser el desperdicio de algunos personajes. Hay pobladores que aparecen en algunas escenas y no son utilizados más allá de pertenecer al decorado o fondo, a comparación de Magaly, que es la más destacable. Sin embargo, aunque ese caso no es tan relevante, el de Alison sí lo es y lo notarán cuando puedan leer el libro. Es posible que algunas subtramas hayan cambiado o desaparecido conforme se escribía la novela, y el de ella puede ser una. 

Edición original española de la novela

Forma

Se conforma de una «Obertura» o prólogo y 20 capítulos divididos en ¿dos partes? (aparece la primera, pero no la segunda), además de la introducción de Jesús Palacios que indicaba. El narrador se encuentra en tercera persona y se ubica cerca del protagonista, por lo que conocemos sus pensamientos, pero también los suyos. ¿Qué quiere decir? Hay pies de página y opiniones metatextuales que nos sacan de la historia como lectores para recordar lo siguiente: todo lo narrado es material de un libro publicado en este mundo ficcional. Así, por ejemplo, la primera nota a pie menciona: 

Una de las abundantes muestras, merecedoras de repudio, del furibundo racismo típicamente anglosajón del que hace gala el autor y que entronca con el etnocentrismo de la literatura de horror estadounidense especializada en las convenciones de la «otredad». Pedimos disculpas a los lectores sensibles, únicamente la voluntad de transmitir el contenido íntegro de esta novela y el hecho de que no creamos en la censura nos previene de amputar numerosos párrafos deplorables como éste. (N del T).

Evidentemente, no le interesa pedir disculpas. El juego es del sarcasmo mediante estos agregados, lo que a su vez minimiza el racismo del protagonista que en otras novelas serían más graves, incluso propios de un villano. Aquí permite que él sea el héroe de la historia, pero no uno exaltado, sino vapuleado (de manera disimulada) hasta por el traductor de sus vivencias.   

Ahora bien, el aspecto más notorio es su lenguaje, de estilo barroco y cultista. Su empleo implica un arma de doble filo porque produce dos efectos: cómico y ralentizante. O en otras palabras: una virtud y un defecto. 

El humor suele servirse de los opuestos. Es el caso del uso recargado de términos poco habituales en el habla cotidiana, propios de un conocedor del diccionario de la RAE, es decir, de la imagen típica de un sujeto culto y refinado. Bien, ese imaginario es aprovechado en varios pasajes para construir el efecto irónico presentado más arriba. En escenas con momentos ridículos o comentarios racistas y clasistas aparecen estas palabras, como túrbido, vano y metrópolis. 

De pronto, en el mismo acto de trasponerla, alguien le atacó. ¡Era una trampa! Un golpe tremendo en la frente le hizo retroceder y contemplar el túrbido recuadro frente a él, a la espera de que su agresor se dibujara en el vano.Entonces comprendió que nadie le había atacado: él solo se había propinado un porrazo contra el dintel de la puerta, situado mucho más bajo de lo que era usual en el canon de una metrópolis. Dedujo que las puertas allí se diseñaban más pequeñitas, siguiendo el modelo de altura de la mayor parte de la población. Dudaba que el dintel quedara a más de un metro setenta del suelo.

El otro extremo y riesgo de este estilo es el de recargar demasiado la prosa con adjetivos y términos poco comunes, de modo que la lectura se ralentice. En el anterior caso se evidencia una intencionalidad, tiene una utilidad en la propuesta estética. En contraparte, cuando la historia sigue rumbos mucho más serios, ya no resulta irónico. Hay un intento de embellecer la escritura por sí misma, pero el momento terrorífico decae por un uso excesivo de adjetivos, aunado a veces con estas palabras cultas. 

Pensó que la traumática víspera con su saco de horrores había blandido su integridad mental a la intemperie del miedo, devolviéndola en tal estado alienado que le resultaría imposible rendirse a un sueño reparador; pero cuando el sol terminó de emerger por entre los picachos sondoreños y circunvoló hasta casi llegar a la perpendicular del plano terrestre, su dorada faz vuelta cara abajo al valle descubrió al extranjero en la cama del despacho, inmerso en una reparadora siesta.

*

El libro de Migoya es un conjunto de contradicciones. Un protagonista racista envuelto en el centro de un misterio paranormal y rodeado de gente que le desagrada. Un lenguaje barroco que se burla de sí mismo, pero que también intenta ser serio. Una novela gótica alejada del modelo estadounidense y europeo y trasladado al entorno perucho, piurano. Con la disculpa de una frase tan cliché en el mercado editorial, estos son aspectos que no dejarían indiferentes al lector en tanto reaviva los ánimos: algunos podrían quedarse con el racismo explícito y juzgarlo desde su moralidad; otros irán más allá y juzgarán al libro con sus virtudes y defectos; otros solo esperarán el terror rural, cercano al folk horror. En suma, a pesar de sus puntos flacos, no es un libro a media tintas.

Detalles técnicos:

Género: Fantástico

Editorial: Pandemonium

Año de publicación: 2023

N° de páginas: 270

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.